Sep 052015
 

Mónica González  face and logo 2015Mónica González Velázquez (Mexico City, 1973). She studied graphic design at the La Escuela Nacional de Artes Plásticas (UNAM) and has a diploma in Literry Creation from SOGEM. She has published nine books: Tríptico de desamor, La luz y las sombras altas, Poesía Reunida, Las cosas últimas, Gran mal, Glory box (republished in Ecuador); Las eternas rutas, Le mystère de la vulgaire mondes and Breviario de la Renunciación. Her visual poetry is included in the anthology La palabra transfigurada. 100 años de poesía visual mexicana. In 2010 she was awarded a grant from the Spanish Agency for International Development Cooperation. She is the publisher of miCielo ediciones.

 

Inventory and Farewell

I

I look at the horizon, I descend. A reddish sky blankets the city; so often hated-loved-hated, and fleeting yearning of one who has never walked it. On the periphery of these jaws that devour, chew and digest without distinction; at the height of horizontal life, my belonging dwell: a half-read book (between sleep, twilight and moments of waiting), a vast collection of intermittent syncopes (voices and metallic sounds that enliven the afternoon), a bed (where at certain hours, miracles are possible and pacts of peace have been signed, there is no hunger or sickness and children are not the target of extremist attacks, and whoever walks does so with the spirit), a pillow (where both the fury of so many days of aggressive activism and the echo of the libertarian shout from the jungle might rest), a table that seats four, a lily at its center and space to share food and heart; which is also included in the inventory alongside a pair of legs that transport it and hands that cool it, a pair of eyes that watch it beat despite the horror and the spilt blood (but that’s what we’re primarily made from: blood, bones, pain) beside the pain dwells hope, a pair of suitcases, traveling shoes for the journey and unimaginable landscapes in this place where the roads diverge.

 

II

Now that you’re finally leaving, leave me on the side of the road facing forward. Leave me with the beastiary that dwells in my dreams and my men and my women and my machine of forgetting and my family history and my laces in my shoes and my errors and my few good decisions and my voice cutting the air, when nothing is enough now and only the Blues console me. Leave me with my posters: Goya, Tapies, Bacón, Modigliani. Leave me with Miller’s vertigoes and a gravely ill Gil de Biedma resting on the nightstand. Leaveme with Luis Urbina: Llora y llora, con su amor como un pájaro loco, dando tumbos en la noche estrellada. Leave me with anxieties, the floor padded floor, lips and heart clenched; love bites in the mouth’s cavity and nameless so-white lips.

 

But above all other things, leave me with my dose of reality and a glass of water in my hand.

Translated from Spanish by Lawrence Schimel

El inventario y la despedida

 

I

Miro el horizonte, desciendo. Un cielo rojizo tapiza la ciudad; tantas veces odiada–amada–odiada, y anhelo fugaz de quien jamás la haya caminado. En la periferia de esta fauce que engulle, mastica y digiere sin distinción; en lo más alto de la vida horizontal, habitan mis pertenencias: un libro a medio leer (entre el sueño, el ocaso y los turnos de espera), una vasta colección de síncopas intermitentes (voces y sonidos metálicos que dan vida al atardecer), una cama (donde a ciertas horas, los milagros son posibles y los pactos de paz han sido firmados, no hay hambre, enfermedad y los niños no son el blanco de ataques extremistas, y el que camina lo hace con el espíritu), una almohada (donde reposa la furia de tantos días de activismo combativo y el eco del grito libertario desde la selva), sábanas blancas (donde los ángeles copulan), una mesa con cuatro plazas, un lirio en su centro y espacio para compartir las viandas y el corazón; quien también consta en el inventario junto con un par de piernas que lo transportan y unas manos que lo entibian, un par de ojos que lo miran latir a pesar del horror y la sangre derramada –pero de eso estamos hechos principalmente: sangre, huesos, dolor– al lado del dolor habita la esperanza, un par de maletas, zapatos de viaje para la travesía y paisajes inimaginables en este sitio donde los caminos bifurcan.

 

II

Ahora que por fin te vas, déjame al lado de la carretera y con la boca por delante. Déjame con el bestiario que habita en mis sueños y mis hombres y mis mujeres y mi máquina de olvido y mi historia de familia y mis cuerdas en los zapatos y mis errores y mis pocos aciertos y mi voz cortando el aire, cuando ya nada es suficiente y sólo me consuela el Blues. Déjame con mis afiches: Goya, Tapies, Bacón, Modigliani. Déjame con los vértigos de Miller y Gil de Biedma severamente enfermo, reposando en la mesilla de noche. Déjame con Luis Urbina: Llora y llora, con su amor como un pájaro loco, dando tumbos en la noche estrellada. Déjame con ansias, el piso alfombrado, los labios, el corazón apretado; mordiscos en la cavidad de la boca y unos labios blanquísimos sin nombre.

 

Pero sobre todas las cosas, déjame con mi dosis de realidad y un vaso de agua en la mano.

 Posted by at 5:57 pm

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