Alberto Valdivia



Alberto Valdivia Baselli is a Peruvian poet, writer, essayist, literary scholar and specialist in Peruvian and Latin American Culture and Philosophy. He studied Hispanic Philology at UNED (Spain) and holds a PhD in Philosophy from UNED (Spain). He also holds a PhD in Latin American, Iberian and Latino Cultures from the Graduate Center of the City University of New York (CUNY). Valdivia teaches Latin American Literature, Culture and Spanish at New York University (NYU) and CUNY. He has has been invited to many poetry festivals such as Biennale Internationale des Poetes Paris, 2005, The Latinale Berlin 2008, the I and II International Poetry Festival of Lima 2010, 2012, among others. His poetry has been translated to seven languages and has been included in anthologies in the US, Europe and Latin America. Valdivia has published 9 books, in poetry the following: La región humana(BCR, 2000); Patología(Osis Editores, 2000; Nido de Cuervos, 2004); Quartier ascendant (Nouvelle lune)(Ed. Plaine Page, Marseille, 2007), bilingual chapbook; Entre líneas pudicas(ed. Spanish International Cooperation Agency, 2008); Neomenia(Trashumantes, 2013); Wañuypacha/Partothötröl(Sudaquia, New York, 2017). Nominated to a National "Luces Prize" ofEl Comerciofor best book of poetry 2017.



Author: Alberto Valdivia Baselli

Translator: Diego Arispe Bazán



De: La región humana (2000)


(piel)


I.


Mi cuerpo en desuso me culpa de sus goteras. Y no replico.

Bastante es caminar el hueco de una grieta mía / herida lamida a infectar su húmeda concavidad

que ya me va olvidando / desperezándose de mí / como si me olvidara

en esta lágrima

que precede siempre toda herida humedad.

Una cicatriz en la piel es siempre una culpa que detallar / por que tomar cuentas

y acusarme hombre por la llaga

y por la piel que vence vive y endurece en cada detalle / en cada cuenta / en cada verso narrado

una escama epitelial que se deslíe tinta.



II.


Y tuvimos esta arruga que emergía. Negra su entraña

y admirable el paso decidido / aún después de perder / y por mucho

su perfil desnudo avisaba / su cuerpo crematorio delataba

el porqué de su gesta en su rugosa faz titulada. Era nueva la grieta en los ojos / evasiva

a la noche o a cualquier día opaco / fácil de agazaparse y herir. Huía de puntillas a nuestra forma insólita

de insomnios y descalzos y apurados a renegar del ambiente siempre terso / pero para ella no

aguerrida ella / siempre arrugada en el ceño / siempre fruncida en su combate

nuestros sueños avanzaban sobre ella y retorcían su pliegue oscuro

cómo batallábamos con ella al despertar

avanzaba la arruga amigable como una mancha silente y permitida / permitida o inevitable maldición

perdíamos la débil dermis en el proceso

en el desgaste

otro cuerpo asomaba su esclerosis como nuevo / anquilosante / ropaje

égida circunstancial

o pergamino de existencia.



III.


Enfrento esta piel cuando adormece

el espacio al tacto que me incluye dentro / ¿amordaza o repliega? ¿condena o protege?

el mundo en dos palmas vacías / ahí duermo aún sin respuesta. Aprecio su rigor cutáneo

y la espero y la palpo suave y soporífera / como si se distrajera

¿duerme / se ocupa de otras tareas / se oculta?

siempre me duele la poca conciencia que tiene de mí.



EL PUÑO NO DEBE ABRIRSE.

Desgraciadamente para el hombre inflamable y flamable acotan la misma consecuencia.

El puño cerrado hierve de muchas variantes tuyas.

Encerrado.

Cuando amaneciste / ya despierto o desde nunca despierto / en la Sala destinada.

Tu figura famélica / de hambre mía / de rastro mío / de carne dudosa o comunitaria / repentina.

Esa misma sensación que tú / de tu sombra aguda / en la puerta a calle / me indispone.

El puño ¿en ti o en mí? / qué cuerpo será el que se quede después de que se Cumpla.

El puño cerrado / elíxir o espejismo de nuestras curvas pisadas / Cumplirá por nosotros.

El puño que nunca se abre caminará / como sujeto a mejor vida / reemplazándonos.

No guardaremos en ningún recoveco de la carne restante elemento ignífugo alguno.

Desde ahora quedaremos quietos ante el Ignífero Esputo a que nos disuelva o repliegue.

El Fuego que ya huele a desaire / a causa / a resolución y a duda / aún no prende.

El Fuego descenderá del Puño.

Convergeremos en él siempre que surjamos en otras leyendas que nadie verifique.

Del Puño descenderá nuestra curva hilera de pisadas.

¿El Puño en Llamas será nuestro grado de desviación?

Del Fuego descenderemos.

¿Purificados?

¿Vencidos?

¿Una vez más condenados?

Buscaremos en el Puño cerrado al Puño abierto.

Aquel hombre buscado tendrá el mismo rostro que el dios.

Aquel dios tendrá las mismas manos que ese hombre le cierra al mundo.

Descenderemos de él.



De: Patología (2000-2004)

Demonios liberados o cuerpo deprisa

decimoctava semana



(¿habría que definir este día, es requerible?)

No hay ninguna rotura que designe el escape, tu cuerpo adolescente reniega de las huidas permanentes. Tu cuerpo febril de algunos años más que la década ha buscado en todo equívoco, previamente desdeñado por la sociedad, al antojadizo prófugo; empero nada, inubicable, escurridizo como un cuerpo dejado demasiado tiempo en reposo, en silente aprendizaje.


Ese demonio ha huido con tus mejores prendas, las más atípicas flemas, las difterias más granulosas, las más despellejadas quemaduras, el peor grito de voluntad involuntaria en un cuerpo huidizo y delgado, de pulga o comején.


Has probado el alcohol, el cargado arrecife de cortos y largos, el burbujeante y el denso ictérico brebaje de barrio marginal; has probado el tabaco alineado, el humo desgarbado como dura quemazón de ropas encendidas en tu empeño de ceniza, de buscar entre las cenizas brasas, y quemarte; has probado el blanco y aséptico clorhidrato, el colorido barbitúrico, la suculenta anfetamina, entre ellas, el hastío, el lábil arrinconado vestigio de tu púber demonio patológico y renovador, en escape, en carrera, por seguirte, a donde lo busques.



Ubicado recitará alto su presencia y su tono; mentirá motivos de arraigo; deformará su rostro con el mío; reprobará conductas y patologías. Ubicado, seremos dos los que tengamos que huir de él. Y presenciar, además, su muerte.



(desorden que en el mes de enero re-ordena un mes de marzo
o viceversa)

Si construyes un espigón con tu cuerpo, el mar destruye u horada la mitad.

En esa herida media, tu cuerpo, el divergente y real océano ha construido un puerto marginal.

Del efluvio que emana esa herida en la roca epitelial parten tus naves más emprendedoras; con el viento inflando velas éstas avanzan a pesar del mar extraño que siempre repele todo lo desprendido.

Partimos de tu cuerpo, de las grietas de tu cuerpo tendido, abismo del hombre o cruel caída sin fondo en donde ya yaces. O partimos tu cuerpo, somos las grietas, el mar que horada, la espuma que salobre corroe.


Partimos (de) tu cuerpo decaído con una claridad insólita, lectura de muchos hombres que aguardan, en territorios tan mezquinos tanto en habla como en silencio.

Si esquivo tanto, quizás mejor, que mórbidamente me exponga al ojo, al oído; tanto mudo éste como ciego aquél, partiremos de la voz o la imagen que previamente no requiera percibirse. Pasar por mí desde tu reflejo, enmudecerte con mi visión oculta o mi voz.



From: La región humana (2000)


(skin)

I

My body out of use blames me for its leaking. I don’t respond.

Enough to walk the gap of my cracks / a wound licked to infect its damp concavity

already forgetting me / untiring awake from me / as if it were forgetting me

in this teardrop

that precedes every wounded dampness.

A scar on one’s skin is always some guilt to remark on / to account for

and to indict myself human from the sore

and from the skin that conquers, lives and toughens at each mark / at settling accounts / at every verse told

an epithelial scale that smelts itself ink.



II

And we had this emerging wrinkle. Its innard black

and admirable, a step decided upon / even having lost / and so much so

its naked profile announcing / its crematory body that belied

the reason for its saga in its ridged, titled visage. A new crack in these eyes / evading

night and any opaque day / easy to crouch and wound. Ran on its toes from our unseemly ways

of insomnia and bare feet and rushing to gripe about a constant smoothness in the air/ but not to her, that crack

that crack, embattled / always furrowing its brow / always frowning in combat

our dreams moved onward over it and twisted its dark folds

how we battled her on awakening

friendly wrinkle advancing like a silent stain allowed / allowed or inevitable curse

shedding our weak dermis in the process

in wearing out

another body rearing its sclerosis as new / severely halting / clothing

a circumstantial armature or

parchment of existence.



III

I confront this skin as it starts its sleep

a space open to the touch includes me within / to bind, to recoil? to condemn, to protect?

on a world upon two empty palms / there I sleep without an answer. I welcome its cutaneous rigor

and await and taste it soft, inducing sleep / as if distracted

does it sleep? / perform other tasks / hide?

it always hurts, what little awareness it has of me.



The Fist Must Not Open

Alas for men, flammable and inflammable amount to a single consequence.

The closed fist boils of your many variants.

Enclosed.

When you rose / awakened already or never after awake / in the destined Room.

Your famished figure / of my hunger / of traces of me / of dubious or communal meat / sudden.

That same feeling as you / from your acute shadow / at the street door / makes me indisposed.

The fist, in you or in me? / which body shall stay after it is Done.

The fist, closed / elixir or mirage of our curving steps / will pay Duty for us, instead.

The fist that never opens shall walk / as one towards a better place / supplanting us.

We shall not keep in any nook of the remaining flesh any element to ward off fire.

From now on we shall lie still before that Phlegm that Calls forth Fire to dissolve, or fold.

The Fire that smells already of slight / of cause / of resolution and doubt / is yet unlit.

The Fire shall descend from the Fist.

We shall converge in it each time we rise in legends none shall verify.

From the Fist shall descend our curving string of steps.

Is the Fiery Fist to mark our degree of deviance?

From the Fire we shall descend.

Purified?

Vanquished?

Once again condemned?

We shall seek in the closed Fist the open Fist.

That sought-out man shall have the likeness of the god.

That god shall have those hands the man closes before the world.

We shall descend from him.



From: Patología (2000-2004)

Demons Unleashed or Hurried Body

eighteenth week


(should we have to define this day? is it required?)

No rupture to signal escape; your adolescent body rejects such permanent flights. Your feverish body, a mere few years over a decade old, has sought in every mistake, previously disdained by society, that fickle outlaw; albeit nothing, unseekable, slick like a body too long at rest, in silent apprenticeship.


That demon has fled with your finest threads, the most unusual phlegms, most granular dyphteriae, most torn of burn scars, the worst screams of unwilling will racking a body elusive and thin, a flea’s or a tick’s.


You have tasted alcohol, a reef loaded with shorts and longs, the bubbling, dense jaundiced concoction of marginal districts; you have tasted filed tobacco, gangly smoke like the rough burning of clothing lit up in your insistence on ashes, on gleaning cinders from ash, getting burnt; you’ve tasted white and aseptic hydrochloride, colorful barbiturate, succulent amphetamine, among them, weariness, the labile cornered vestiges of your pubescent demon, pathological and invigorating, fleeing, running, after you, wherever you may seek him.


Found, he shall recite loudly his presence and tone; palter the motives for his attachment; deform his face with mine; damn conducts and pathologies. Found, there will be two of us to run from him. And witness too, his death.



















(disarray which in the month of January rearranges a month of March or vice-versa)


When you build a spike from your body, the sea destroys or skewers a half.

In that half wound, your body, the real, divergent ocean has built a marginal port.

Your most enterprising ships depart thence, from that effluvium emanates a wound in that epithelial rock; the wind swelling sails they go forward despite that strange sea which always repels all that has come loose.

We separate and go forthfrom your body, from the cracks in your prone body, abyss of man or cruel bottomless fall where you lie, already. Or we separate your body, we the cracks, we the sea that skewers, the brackish corroding foam.


We separate (from) your weakenedbody with sudden clarity, the reading of many men in wait, in lands as paltry equally in speech as in silence.

If I am to avoid so much, might be best, that I exposed myself morbidly to the eye, the ear; so mute the one as blind the other, we shall separate from a voice or image which did not need to prior perceive itself. To pass by me from your reflection, to silence you with my hidden sight or voice.









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