top of page

Amado Láscar -Chile-


Amado Láscar TAPFNY 2016

Igual Cero

De punta en blanco, el sacerdote secular alisa su nuca apelmazada, seca sus cuernos con un pañuelo de seda (cuando por sus hombros se enredan las hebras de su fotográfico futuro)

no puede pensar

(Tal vez lejanamente recuerda una tarde de domingo cuando su padre le escupió la cara)

Aparte, semi afuera de los planes, el hombre se balancea del cielo raso recordándonos una sucia lámpara de cristal bailando: molido en la disección eléctrica. Su sangre brota en hilillos, de su boca bien cerrada.

El sacerdote, en tanto, observa apoyado en la baranda que separa la vida de la muerte: no encuentra nada anómalo en el grosor de sus cutículas, se ordena el pelo, apaga la luz:

el sagrado rito termina allí.

(Luego aparecerán los acólitos con sus máquinas de vacío, sus botellas de formalina, sus escobillas de cerda y sus grandes cadenas de desinfección.)

Ya en la calle enciende un Marlboro: recorre como cada reflejo de amanecer siempre recorre los mismos grifos, campanas, plazas, el neón de Pepsicola, el enorme anuncio de leche descremada, los grafitis contra la Orden que emergen en silencio de las murallas.

Mira su reloj: 7:00 AM Ella también lo mira.

Debes vestirte ahora, le murmura viene en camino (la puerta se abre desde adentro)

la llave entra

(la puerta se abre desde afuera)

Me voy de compras, ella dice ahora: el desayuno está servido


y él, sonriéndose desde un comercial se enrolla en las sábanas llenas de olor a ellos.

Touching the Void

Dressed to the nines, the secular priest smoothens his matted hair against the back of his neck, wipes his brow with a silk handkerchief (when fibers of his photographic future entangle upon his shoulders)

he thinks of nothing

(Perhaps he remembers a Sunday afternoon in the distant past when his father spit in his face)

Aside, almost outside the plans, the man wavers from the sky recalling a crystal lamp: crushed in the electric dissection: his blood springs in trickles from his very close mouth.

The priest, meanwhile, leaning on the railing, observes what separates life from death: he doesn’t find anything anomalous in his cuticles, he arranges his hair, turns out the light: the sacred rite ends there.

(Later the acolytes appear with their vacuum cleaners, bottles of formalin, bristle brushes and their wide array of disinfectants.)

Now in the streets he lights up a Marlboro: notices how each reflection of dawn always traverses the same faucets, bells, plazas, the neon of Pepsi-Cola, the huge skim milk billboards graffiti against The Order that silently emerges from within the walls.

He looks at his watch: 7:00 A.M. She too looks at it.

You must get dressed now, she whispers to him, he is in his way.

(the door closes and opens.)

I’m going shopping, she sais now: breakfast is served,

and he smiling at us from a commercial

buries himself in the sheets filled with their smell.

0 comments

Recent Posts

See All

Comentários


bottom of page