César Eduardo Carrión -Ecuador-


 

Fairy Bones

For my daughter, Clara Isabel

Only because I wished it, a butterfly instantly appeared Marosa di Giorgio

1

To see your birth I was born, I thought, and I was just born with this new day. And you arrived without me, without my name, my voice or my hands that tremble and write. To see your birth I was born, I believed, because before I saw you my ear and my tongue Lived far away, because they were of a sea and because they were of a wind and because they were of a fire That only coexisted in dreams, where the god is more ferocious than your silence. Now I have your sound embossed upon the womb of your mother, who never would have birthed you.

Conception? So spoke the messenger of the gods who reined in my family’s faith. Let the Virgen conceive, who needed no male to give History millions of dead. Let the Blind conceive, who have no need for sight and forsake the life of the soul and the body. Conception! Conception! Let the beasts conceive, who howl, bray and enjoy being in heat. Conception? Not of the Heavens nor the Earth, I found you like a god when he said: I wish to see myself in the eyes of another, an other… And thus, he came upon himself.

2

To see your birth I was born, I hoped, my child, and I was just born with the day on which you arrive. And I have arrived to watch you bloom: I am a dying bee poisoned by another flower, So different from the honey in the honeycomb where it grew up and which it served with its vegetable psychosis. My hive disintegrates: The time to migrate and to melt other waxes in other hands has arrived. You are a sun-named fairy and your burning wings create the wind that dries this ink, Material like my blood. And it is your name that my veins shall first see Upon my skin, like a fistula running from my tongue to my hands.


This poem is a tattoo that freezes my joy, because it dictates that I cannot blink. Because I hold this terror that you may go when I take gaze from you and dawn will not arrive. And I must wait for you once more through another night of thousands of dark and icy stars. Was I born to see your birth? I wished to believe so! And I was just born with the fading day. Because I was born to see how you alight upon the stone of my name… And you take flight.

Huesos de hada

Para mi hija, Clara Isabel

Sólo porque lo deseé, una mariposa apareció al instante Marosa di Giorgio

1

Para verte nacer he nacido, pensaba, y apenas nací con el día que empieza. Y has nacido sin mí, sin mi nombre, mi voz ni mis manos que tiemblan y escriben. Para verte nacer he nacido, creía, porque antes de verte mi oído y mi lengua Vivían muy lejos, porque eran de un mar y porque eran de un viento y porque eran de un fuego Que solamente convivían en los sueños, donde el dios es más feroz que tu silencio. Ahora tengo tu sonido repujado sobre el vientre de tu madre, que jamás te habría parido.

¿Concepción? ¡Así dijo el mensajero de los dioses que reinaron en la fe de mi familia! Que conciba la Virgen que no requirió de varón para darle a la Historia trillones de muertos. Que conciban las Ciegas que no necesitan de vista y destejen la vida del alma y el cuerpo. ¡Concepción! ¡Concepción! Que conciban las bestias que gimen, rebuznan y gozan del celo. ¿Concepción? No del Cielo ni el Mundo, que yo te encontré como un dios cuando dijo: Deseo mirarme en los ojos de un otro, un ajeno… Y así, se encontró con él mismo.

2

Para verte nacer yo nací, pretendía, mi niña, y apenas nací con el día en que llegas. Y he llegado a contemplarte florecer: Soy una abeja que agoniza envenenada de otra flor, Tan distinta de la miel de aquel panal donde creció y al que sirvió con su sicosis vegetal. Mi colmena se deshace: Llega el tiempo de migrar y de fundir en otras manos otras ceras. Eres hada de nombre solar y tus alas ardientes inventan el viento que seca estas tintas, Materiales similares a mi sangre. Y es tu nombre lo primero que mis venas han de ver Sobre mi piel, como una fístula que va desde mi lengua hasta mis manos.

Este poema es un tatuaje que congela mi alegría, porque dicta que no puedo pestañear. Porque tengo este terror de que te vayas cuando deje de mirarte y no amanezca. Y deba esperarte de nuevo otra noche de miles de estrellas oscuras y heladas. ¿Para verte nacer he nacido? ¡Quería creerlo! Y apenas nací con el día que acaba. Porque he nacido para ver cómo te posas en la piedra de mi nombre… Y te levantas.