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MIGUEL ANGEL ZAPATA —PERU—


Miguel-Ángel Zapata, Peruvian poet, and essayist is a professor of Latin American literature at Hofstra University, New York. He has recently published the following books: Usted no sabe cuánto pesa un corazón solitario. Ensayos sobre poesía (Lima: Universidad Ricardo Palma, 2023), Trilce (Mexico: El Tucán de Virginia/ Universidad de Querétaro, 2023), Los muslos sobre la grama (New York: Nueva York Poetry Press, 2022), La iguana de Casandra. Poesía selecta (Mexico: Fondo de Cultura Económica, 2021), Cancha de arcilla. Poemas en prosa (Lima: Summa, 2020), Un árbol cruza la ciudad (Lima: Máquina Purísima, 2019- Mexico: El Tucán de Virginia, 2020), Ya va a venir el día. César Vallejo. Poesía esencial (Málaga: Poéticas Ediciones, 2021). MAZ was awarded the 2011 Latino Literature Prize, and the 2023 Enrique Anderson Imbert National Prize, awarded by the North American Academy of the Spanish Language. He is founding director of Códice- Revista de Poesía (Lima-New York).


LA VENTANA


Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo. Plantaré un árbol en medio de la calle, y crecerá ante el asombro de los paseantes: criaré pájaros que nunca volarán a otros árboles, y se quedarán a cantar ahí en medio del ruido y la indiferencia. Crecerá un océano en la ventana. Pero esta vez no me aburriré de sus mares, y las gaviotas volverán a volar en círculos sobre mi cabeza. Habrá una cama y un sofá debajo de los árboles para que descanse la lumbre de sus olas.

Voy a construir una ventana en medio de la calle para no sentirme solo. Así podré ver el cielo y la gente que pasa sin hablarme, y aquellos buitres de la muerte que vuelan sin poder sacarme el corazón. Esta ventana alumbrará mi soledad. Podría inclusive abrir otra en medio del mar, y solo vería el horizonte como una luciérnaga con sus alas de cristal. El mundo quedaría lejos al otro lado de la arena, allá donde vive la soledad y la memoria. De cualquier manera es inevitable que construya una ventana, y sobre todo ahora que ya no escribo ni salgo a caminar como antes bajo los pinos del desierto, aun cuando este día parece propicio para descubrir los terrenos insondables.

Voy a construir una ventana en medio de la calle. Vaya absurdo, me dirán, una ventana para que la gente pase y te mire como si fueras un demente que quiere ver el cielo y una vela encendida detrás de la cortina. Baudelaire tenía razón: el que mira desde afuera a través de una ventana abierta no ve tanto como el que mira una ventana cerrada. Por eso he cerrado mis ventanas y he salido a la calle corriendo para no verme alumbrado por la sombra.



THE WINDOW


I’m going to build a window in the middle of the street in order to not feel lonely. I will plant a tree in the middle of the street, and it will grow to the astonishment of the passersby. I’ll raise birds that will never flit to other trees, and they will remain perched and chirping to the surrounding noise and general disinterest. I’ll grow an ocean framed within the window. But this time I won’t grow tired of its waters, and the seagulls will circle high above my head. There will be a bed and sofa beneath the trees so that the flame will have a rest from the waves.

I’m going to build a window in the middle of the street in order to not feel lonely. That way I will be able to see the sky and the people that pass by without speaking to me, just like those vultures of death that fly but are unable to rip out my heart. This window will illumine my loneliness. I might even open another window from the middle of the sea then see the horizon shimmer like a firefly with crystal wings. The world would be far away, across the sands, over there, where loneliness and memories exist. Anyway, it’s inevitable that I build a window, especially now that I no longer write or walk beneath the desert pines, even though today seems to be suited for the discovery of unfathomable lands.

I’m going to build a window in the middle of the street. How absurd, they’ll tell me, a window so that people pass by and stare at you as if you were a madman who wants to see both the sky and a candle flickering behind the curtains. Baudelaire was correct; the one who looks outside from an open window sees less than the one who sees a shut window. Because of this, I have shut my windows and have run out into the street, in order to not see myself illumined by the shadow.


Translation: Anthony Seidman


Los canales de piedra


Vine a Venecia a ver a Marco Polo pero su casa estaba cerrada. El segundo piso lo vi desde una góndola y le tomé una foto a los geranios de su balcón.

El agua del canal es de un verde raro, tal vez sea una combinación del tiempo, los vientos, o la tenue luz de sus callejones de piedra. Vivaldi aquella noche estaba dando (como de costumbre) sus clases a las niñas del coro. Corelli fue su invitado de honor. Después de uno de los conciertos del cura rojo nos fuimos a la plaza San Marcos a beber vino en El Florián. Marco me decía que no permaneciera por mucho tiempo en ninguna parte del mundo. El mundo es como la plaza de San Marcos, murmuraba, hay que cruzarla miles de veces para que puedas ver las verdaderas aguas del tiempo. Al otro lado de la plaza está la vida escondida con el vino derramado por la muerte.

Venecia es nuestra solo por esta noche: después hay que abandonarla como a las mujeres de Rialto. Siempre hay algo extraño y hermoso en los geranios púrpuras del Mundo.

Yo solo escribo lo que veo, por eso camino. Sigamos hacia la cumbre para ver los canales desde el cielo de la noche. Después pasemos a la Basílica a poner unas velas a mi madre: ella está viva, tiene la memoria de los ríos. A veces imagino ciudades, como tú, una ciudad dentro de otra, una plaza es mejor que todos los rascacielos del mundo. San Marcos es mi plaza, mi vida, o sea como las alas de las palomas.

Esta noche no daré clases a las niñas del coro en el Hospicio de la Piedad, dijo el cura rojo. Entonces, Marco, veloz como de costumbre nos dijo: naveguemos mejor por los cuatro ríos sagrados esta noche. Busquemos el pecado, pidamos perdón a los cielos por no habernos bebido todo el vino y amado a todas las mujeres de Venecia.


Venecia, 17 de julio, 2007


The Stone Canals


I came to Venice to see Marco Polo, but his house was locked. I saw the second floor from the gondola and I took a photo of the geraniums on his balcony.

The water of the canal is an unusual green, perhaps the combination of time, the winds or the faint light from its stone alleyways. That night Vivaldi was directing (as usual) the girls’ choir. Corelli was his guest of honor. After one of the red priest’s concerts we went to the Plaza de San Marcos to drink wine in El Florián. Marco told me never to remain in one part of the world for too long. The world is like Piazza San Marco, he whispered, you have to cross it thousands of times in order to see the true waters of the ages. On the other side of the plaza is life hidden in the wine spilled by death.

Venice is ours for this night only: then we must abandon it like the women of Rialto. There is always something strange and beautiful in the purple geraniums of the World.

I only write what I see, so I walk. Let us continue towards the summit to see the canals from the night sky. Then let us stop by the Basilica to light candles for my mother: she is alive, she has a memory like rivers. Sometimes I imagine cities, like you, one city within another, one plaza is better than all the skyscrapers in the world. San Marco is my plaza, my life; that is, like wings for doves.

Tonight I will not direct the girls’ choir at the Ospizio della Pietà, said the red priest. Then, Marco, quick as usual told us: Tonight, let us sail the four holy rivers. Let us seek sin, let us ask for forgiveness from the heavens for not drinking all the wine and loving all the women of Venice.



Translated by Devon Bonney

Un pino me habla de la lluvia

Para mi hijo Christian Miguel


La bicicleta de mi hijo rueda con el universo. Es sábado y paseamos por

la calle llena de pinos y enebros delgados que se despliegan por toda la

ciudad.


El sol cae en nuestros ojos por la cuesta mientras volamos con el aire

seco del desierto y los piñones ruedan por las calles con el viento. El sol

baja a las seis de la tarde en el invierno, y se va escondido por los

cerros que se enrojecen con su sombra.


Los ojos de mi hijo brillan como perlas y me dicen algo inexplicable. Las

ruedas de la bicicleta mueven el mundo, muestran su agilidad y la

gravedad del aire.


El timbre se escucha como la buena nueva de la mañana: sus anillos de

metal alegran la cuadra y forman ondas que trepan con los pinos hasta

el cielo.



A Pine Talks to Me about the Rain

For my son Christian Miguel



My son’s bicycle rides with the universe. It is Saturday and we pass through

the street full of pines and slim junipers that unfurl all over the city.


The sun falls on our eyes over the hill while we fly with desert dry air and pine

nuts ride through the streets with the wind. The sun sets at six in the afternoon

in winter, and goes hidden through the hills that redden with its shade.


My son’s eyes sparkle like pearls and say something inexplicable. The wheels

of the bicycle move the world, prove his agility and the gravity of the air.


The bell sounds like the good news of morning: its metal rings brighten the block

and form waves that drill with the pines into the sky.



Translated by Loren Goodman


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