Daniel Shapiro -USA-


Daniel Shapiro TAPFNY 2016

The Anatomy Cat

—Shulamith

“C’mon, doll,” whispered Mimi as she bundled its cadaver in her mouton coat, “no one will notice, we’ll pass the course and no harm done.” She couldn’t suppress a growing giggle, it was infectious so you laughed, too. You followed her out the swinging door across Washington Square, up the steps of the Queens express, everyone parted for the young pretty mother carrying her baby in her arms. A silver-haired gentleman took off his fedora and offered his seat. She lowered her head with grateful eyes but lost her grip and the tail slipped out— unfurled and hung. A whiff of formaldehyde cut through perfume, a collective gasp from all the women on the bus.

The two of you laid the dead cat out on Etta Mandel’s marble table. Mimi sliced it open, examined its parts, sewed it closed again. The tabby lay sprawled as if stretching after a long nap. You’d return it the next day, poor thing with glassy eyes, a missing heart, its soul detached by a stroke of a scalpel, organs classified in jars on a dusty shelf. But that evening, before that surgery, was less than anatomy, was something more, was two young women blushing and giggling

as you dashed off the bus.


Gato para una anatomía


Shulamith

Vamos muñeca, susurró Mimi al arropar el cadáver en su abrigo de mutón, nadie se dará cuenta, pasaremos el curso sin perjudicar a alma alguna. No pudo contener una risita que iba creciendo, tan efervescente que te la contagió. La seguiste por las puertas giratorias a través de Washington Square, subiendo los escalones del expreso de Queens, todos abrieron paso para la joven y linda mamá cargando a su bebé en brazos. Un caballero de pelo encanecido se quitó el sombrero fedora y ofreció su asiento. Ella bajó la cabeza con mirada agradecida pero perdió su soporte y se asomó la cola— floja y desenvuelta. Un hedor a formol cortó a través del perfume, y luego el grito ahogado de todas las mujeres.

Las dos tendieron al gato muerto sobre la mesa de mármol de Etta Mandel. Mimi lo abrió de una tajada, inspeccionó sus partes, y lo cosió de nuevo. Tú registraste los datos. El tabby yacía a sus anchas como si se estirara después de una larga siesta. Lo devolverías al día siguiente, pobrecito, con los ojos vidriosos, un corazón faltante, su alma desprendida a golpe de escalpelo, órganos clasificados en frascos sobre una repisa polvorienta. Pero ese atardecer, antes de la cirugía, fue menos que anatomía, fue algo más, fue dos mujeres jóvenes sonrojadas y con la risa apenas contenida al descender de prisa del camión urbano. Traducido por Roberto Ransom

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