Elaine Nadal -USA-


 

Restos

Mientras yo dormía, vi a mi abuela en una bata blanca pidiendo aire– un ángel cansado, pero con piel radiante, las arrugas escondidas, las manchas cubiertas en tinta. Ella sabía leer las líneas en la palma de su mano. Sabía lo que venía, sabía que estaba cerca el día en que su pesadilla de dientes caídos cobrará vida y tendría que masticarlos y probar todos los sinsabores del pasado: tres veces violada, tres hijos muertos. Tendría también que experimentar la sed de la incertidumbre, la duda, el peor de los abismos, y la culpa de dudar lo vivido. Debió de haber escuchado el gallo cantar tres veces. El sol se levantó, y ella allí quedó– inmóvil, con los ojos abiertos de miedo o de asombro, sin dientes, sin sonrisa, sin lágrimas– con la bata de hospital que olía a sudor y flores marchitas. Dejé una rosa blanca en su tumba y en cada momento de duda,

me convenzo a mí misma que un alma tan pura no pudo dejar de ser.

Remains

While sleeping, I saw my grandmother in a white nightgown asking for air– a tired angel, but with radiant skin, hidden wrinkles, and stains covered in dye. She knew how to read the lines on the palm of her hand. She knew what was coming. She knew it was close, the day that her nightmare of fallen teeth would gain life, and she’d have to chew them and taste all the unpleasantness of the past: three times raped, three dead children. She’d have to experiment the thirst of uncertainty, the doubt, the worst of the abysses, and the guilt of doubting what was lived. She must have heard the crow sing thrice. The sun awoke, and there she lay still– with eyes opened from fear or astonishment, without teeth, without a smile, without tears– wearing a hospital nightgown that smelled like sweat and wilted flowers. I left a white rose on her tomb, and in my moments of doubt, I convince myself that such a pure soul could never cease to be.

Translated by the author.


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