Gustavo Tisocco -Argentina-


Gustavo Tisocco face and logo 2015

To write a ten acre poem I will have to summon all the fish, the magician who wanders through the nights, the smell of freshly baked bread the foam in the sea.

I will have to revive those who have left me, bring back ships stranded in the breeze, sapphires and emeralds, the child that dreamed of being a scarecrow, the old bell tower, the train platform in that village.

I will write my mother’s name, my people’s ghosts, a drop from the river, the caress from the willow. From the tiniest herb its fragrance, from the jigsaw puzzle its enigmas and from the eyes of the departed his prayers.

A ten acre poem means feeling cold, letting yourself go like a weathervane, awakening in the tango that strips us bare, being a kite, a mailbox, an archer. Being dazzled by the stories of salt, the flight of the humming bird, and the statues in its cage.

That our country is wounded I must not forget, that there are grandmothers still waiting and an island full of gravestones and voices in the mist. That the Crucified is still being crucified, that so many wings are broken every day, that we who spend our nights in the south are laughed at in the north,

And when I fail to find words for those ten acres I will turn to your name, your elfin feet, your kiss, your sex erect, your green gaze, your doubts and certainties, your enchanted valley, your insomnia, your alcohol.

Only there will the poem be born, extended cry true immortality.

(Translation by Irene Marks)

Para escribir un poema de diez hectáreas tendré que convocar a todos los peces, al mago que deambula en las noches, al aroma de pan horneado, a la espuma del mar.

Deberé resucitar a los que me dejaron, retornar barcos encallados en la brisa, zafiros y esmeraldas, al niño que soñaba con ser espantapájaros, al viejo campanario, al andén del pueblo aquel.

Pondré el nombre de mi madre, los fantasmas de mi gente, una gota de río, la caricia del sauce. De la más ínfima hierba la fragancia, del rompecabezas los enigmas y de los ojos del ausente las plegarias.

Un poema de diez hectáreas insume tener frío, dejarse llevar como una veleta, despertar en el tango que nos desnuda, ser cometa, buzón, arquero. Que nos deslumbren los cuentos de sal, el vuelo del colibrí, y las estatuas en su jaula.

Que tenemos un país herido no debo olvidar, que hay abuelas que esperan y una isla llena de lápidas y voces en la bruma. Que el Crucificado sigue siendo crucificado, que se mutilan a diario tantas alas, que se ríen en el norte de los que pernoctamos aquí en el sur.

Y cuando me falten palabras para las diez hectáreas acudiré a tu nombre, tus pies de duende, a tu beso, tu sexo enhiesto, tu mirada verde, a tus dudas y certezas, a tu valle encantado, a tu insomnio, a tu alcohol.

Sólo ahí nacerá el poema, grito extendido inmortalidad cierta.

Recent Posts

See All