Rocío Uchofen -Peru-


 

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Could you sit down and play the piano while I watch you and taste a Merlot of 2009? Time can drain through the tiny openings of this wall, that resembles my skin and breathes the chords of a  melody destroyed by the train’s sounds . Time is unavoidable, it slides by those petroleum lined ceilings. All night is a hidden highway a winding tunnel. Here the eyes and the hours drown. If you play, I’ll forget the drips on the corners. Last night a moon burst and its bright pieces filled with sounds these lost spaces between the carpet and the wet concrete. Play the piano… When you arrived you had a pencil between your fingers and the desire to fill pages and pages, and many more white, grid pages. You wanted a book full of metaphors, you dreamed your head against the Brooklyn Bridge and you loved a vision of Crane through the glass. A heartbeat intoxicating your memory, discerning the intimate relationship between your steps and the phases of the moon, or the faded eyes of some woman hidden behind her veil made curtains. That desire filled with wild nights to silence everything that had lost your flavor, the smell of your sentences or your verbs… But let’s not talk about that anymore, just play it, play the piano and that its music licks the footprints of Lorca in Morningside Heights, between the red bricks of his gypsy’s dreams and tenderly damped by the sleepers drool. Kiss the finger that feeds on the hybrid tulips and remember me. My body also bleeds and suffers, but my mouth imitates the whisper of the ragged pigeons to silence the skin-stained brick Play it… You have to close your eyes, you have to close your mouth: Close the mouths or fill them with black snow, to leave their traces on the streets or mute at once for

“Sleep city of limpid attics, Sleep. A monster beats, beats and twists its serpent body to the Hudson.”

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¿Podrías sentarte y tocar el piano mientras te observo y saboreo un Merlot del 2009? El tiempo puede escurrirse por los intersticios de esta pared que se asemeja a mi piel y que respira los acordes de una melodía deshecha bajo el paso del tren. El tiempo es inevitable y se desliza por esos techos forrados en petróleo, toda la noche es una carretera escondida un túnel sinuoso, aquí se ahogan los ojos y las horas. Si tocas, olvidaré los goteos de las cornisas. Anoche reventó una luna y sus pedazos brillantes llenaron de sonidos estos espacios perdidos entre la alfombra y el concreto húmedo. Cuando llegaste tenías un lápiz entre los dedos y el deseo de llenar hojas y hojas, y muchas más hojas blancas o a cuadrículas, quisiste armar cuadernos de metáforas, soñaste tu cabeza contra el Brooklyn Bridge y amaste la visión de Crane tras unos vidrios. Diástole y sístole embriagando tu recuerdo, discerniendo la íntima relación entre tus pasos y las fases de la luna, o los ojos desteñidos de alguna mujer escondida tras su velo hecho cortina. Ese deseo se llenó de noches para acallar todo lo que le fuera ajeno a tu sabor, el olor de tus frases o tu verbo. Pero ya no hablemos de eso, sólo toca, toca el piano y que su música lama las huellas de Lorca en Morningside Heights, entre ladrillos rojos de su sueño gitano y tiernamente mojado por la baba de los durmientes. Besa el dedo que se nutre de los tulipanes híbridos y acuérdate de mí. Mi cuerpo también sangra y sufre, pero mi boca imita el susurro de las palomas harapientas para que calle el ladrillo manchado de piel. Hay que cerrar los ojos, hay que cerrar la boca: Cierra las bocas o llénalas de nieve negra, que deje sus huellas por las calles o que enmudezca de una vez para que el cielo rece un lullaby: Duerme urbe de áticos límpidos. Duerme. Un monstruo late, late y enrosca su cuerpo de sierpe hacia el Hudson.

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