Carolina Zamudio -Argentina-


Carolina Zamudio  face and logo 2015

Certainty Death cannot be lamented through swirls of certainty. It happens (almost always) in the midst of outbursts From one joy to the next It falls silent and breeds in the heart of fear. Life is a crack of light Flowing from the purest black To endless darkness. We live firing up rattles for ourselves We don’t cry because we’re speechless And (like music from empty boxes) We’d like to shed our bodies looking for relief. Death is out there mocking Goading that thing we call absence Ordering others to clothe the body. &nbsp, We then fear not to be touched Or hugged anymore by our children. We guess, belatedly, other endings Like owners of that life we shared (Time and space). We run away, we duck Arrogantly, helplessly, we refuse to move From our own lives. If by any chance I could stifle that face That doesn’t cry or musters up arguments: Before us, the others And the only one with a certainty.

We think we live A convulsion A short circuit A heart attack in a race interrupted by the dream Like that one from which we awake Wondering if it is true If we’re still alive Or if perhaps we were us. And we discover that death can be That luminous moment That happens after the black, long while That someone named life.


Death lives and is the only certainty.

Certeza La muerte no se llora en remolinos de certeza.

Sucede –casi siempre– en medio de arrebatos de una alegría a otra se calla y fecunda en el centro del miedo. La vida es una grieta de luz que transcurre entre el negro más puro a la oscuridad infinita. Vivimos encendiéndonos estertores no lloramos porque estamos mudos y –como música de cajas huecas– queremos escapar del cuerpo buscando alivio. La muerte anda por ahí burlona aguijonea eso que nombramos ausencia es quien manda a otros a que vistan al cuerpo.

Entonces tememos no ser rozados abrazados ya por nuestros hijos. Conjeturamos, tarde, otros finales como dueños de esa vida que compartimos –tiempo y espacio–. Huimos, esquivamos nos plantamos arrogantes desvalidos ante nuestra propia vida. Si acaso contuviera ese mohín que no llora o se llena de argumentos: ante nosotros, los otros y el único con una certeza.

Creemos vivir un espasmo un cortocircuito un infarto en la carrera entrecortada por el sueño como ese del que despertamos preguntándonos si es cierto si seguimos vivos o acaso fuimos nosotros. Y descubrimos que la muerte puede ser ese instante luminoso que sucede tras el negro y largo rato que alguien nombró vida.

La muerte vive y es la única certeza.

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