Juana Ramos –El Salvador–


Juana ramos face and logo 2015

Heredera De mi padre heredé una especie de disgusto por la vida y por los grupos de más de tres personas, la desconfianza de los días calurosos que amagan lluvia, una aversión casi completa a las visitas inesperadas, la taza de café y el cigarrillo, la luz de su calle y la oscuridad de su casa, el apego a la ausencia y la distancia. Le debo a él frases cortas y largos hiatos, la afición a las simples cosas, el temblor recurrente en la mano derecha, un desidioso paseo al río Anguiatú, la marcha nupcial de Wagner, la ineludible propensión al portazo y la huida, la hebra que a diario me  remienda, el “yo no como aquí”, su andar desordenado, la cita quincenal eternamente trunca, una biblia versión Reina Valera, la pérdida, el desconsuelo, la palabra alambicada, las hermanas que nunca conocí, un par de tardes de danza en sus brazos, su manera fronteriza de querer, la herida en su costado, el saludo reticente, una sangre proclive a edulcorarse. De mi padre lo heredé todo, fobias, filias y sus periferias. A mi padre lo heredé entero, no sobró una astilla para mis hermanos.

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